Un reciente artículo publicado por ReasonWhy sobre el talento senior en marketing y comunicación nos invita a reflexionar: ¿estamos aprovechando suficientemente el valor de la experiencia?
Vivimos en un sector en permanente transformación, donde las nuevas tecnologías están modificando profundamente nuestra manera de trabajar. Sin embargo, conviene recordar que muchos de los profesionales que hoy consideramos senior han sido protagonistas de buena parte de esa evolución.
Desde una publicidad centrada en los medios tradicionales —televisión, prensa, radio, revistas y exterior— hasta el desarrollo del marketing directo a finales de los años ochenta, con la explotación de bases de datos, la posterior implantación de los CRM y la evolución de los centros de relación con el cliente, que permitieron conocer mejor al consumidor y personalizar las comunicaciones. Después llegaron internet, las redes sociales y, ahora, la inteligencia artificial.
Muchos de estos profesionales no solo han vivido estas transformaciones: han sido protagonistas de ellas, aprendiendo, evolucionando y adaptándose a nuevas formas de trabajar.
¿Por qué, entonces, asociamos en ocasiones la experiencia con una menor capacidad para afrontar el cambio?
Ni ser joven garantiza dominar las nuevas tecnologías, ni ser mayor implica desconocerlas. La curiosidad, la formación continua y la disposición a aprender no tienen edad.
Además, la irrupción de la inteligencia artificial introduce una reflexión especialmente interesante: cuanto más accesibles resultan determinadas herramientas, mayor importancia adquiere el criterio para decidir cómo utilizarlas.
Porque disponer de tecnología no significa necesariamente saber qué hacer con ella.
La experiencia aporta perspectiva, conocimiento del contexto y capacidad para interpretar situaciones complejas. Un valor que adquiere especial relevancia cuando las decisiones requieren algo más que conocimientos técnicos.
Desde Arandi creemos que lo importante es identificar y aprovechar las capacidades de cada profesional, con independencia de su edad. A la hora de incorporar talento, deberían prevalecer el conocimiento, la experiencia, la capacidad de adaptación y la adecuación a las necesidades de cada proyecto.
Quizá el reto no consista en reconocer a los profesionales senior por lo que hicieron en el pasado, sino en valorar lo que todavía pueden aportar al futuro.
Porque el talento no tiene edad. Y la experiencia, cuando se mantiene abierta al cambio, sigue siendo una extraordinaria fuente de valor.
Reflexión inspirada en el artículo sobre talento senior publicado por ReasonWhy