Hace 20 años, el 30 de marzo de 2006, nació Arandi.
La idea era sencilla: construir una agencia de marketing capaz de ofrecer el servicio que siempre me hubiera gustado recibir durante los años que trabajé al otro lado, entre 1981 y 2006.
Un servicio ágil, eficiente, cercano y de calidad.
Con el tiempo he entendido que lo más importante no eran solo los servicios, sino la manera de trabajar y relacionarnos con las personas.
Y probablemente ahí el deporte ha tenido mucho que ver.
Antes de esta etapa profesional tuve la suerte de vivir una experiencia extraordinaria como deportista olímpico y formar parte de un equipo que consiguió una medalla de plata. Lo cuento no desde la nostalgia ni desde el mérito personal, sino porque el deporte me enseñó valores que han marcado profundamente mi manera de entender la empresa y el trabajo durante estos 20 años.
- El compañerismo.
- El respeto.
- El esfuerzo.
- El compromiso.
- El sentido del deber.
- Y la importancia de confiar en el equipo.
Porque al final, ni en el deporte ni en la empresa, se consigue nada importante solo.

Los valores del deporte han acompañado mi manera de entender el trabajo y la empresa.
Con el tiempo, todos esos aprendizajes se han convertido también en parte de la cultura de Arandi.
Porque el marketing no consiste solo en comunicar. Consiste en entender.
- Entender a las marcas.
- A las personas.
- Los problemas.
- Los momentos de cambio.
Y aplicar sensibilidad, creatividad y experiencia para encontrar soluciones útiles y eficaces.
Seguimos creyendo en un marketing basado en escuchar, implicarse y ayudar a resolver problemas reales.
20 años después seguimos trabajando con esa misma filosofía.
Con más experiencia, nuevas tecnologías y nuevas herramientas, pero manteniendo intactas la curiosidad, las ganas de aprender y la motivación por seguir evolucionando.
Y todo ello gracias a un equipo magnífico que comparte una misma forma de entender esta profesión: trabajar con compromiso, cercanía, responsabilidad y espíritu de equipo.

20 años después, el espíritu de equipo sigue siendo esencial en Arandi.
Mirando atrás, una de las mayores satisfacciones de estos años ha sido precisamente esa: haber podido ser yo mismo.
Construir una empresa alineada con unos valores en los que siempre he creído.
Nada de esto habría sido posible sin la confianza de tantos clientes, compañeros y colaboradores que han formado parte de esta historia.
Gracias a todos ellos.
Seguimos adelante con la misma ilusión del primer día.
Con más experiencia.
Con nuevas herramientas.
Pero sobre todo con la misma sensibilidad para entender y ayudar a las personas y a las marcas a crecer.